domingo, 26 de abril de 2026

La cultura de odio digital traspasó la pantalla

Monday de Tim Peacock

La cultura de odio en internet se ha extendido por todo el mundo y, aunque pareciera que proviene de distintos motivos (racismo, xenofobia, misoginia), siempre nos lleva a un mismo destino: una reacción violenta de un individuo hacia los demás por falta de gestión emocional. La misma generación que hace años promovía la atención a la salud mental ahora se une a una ola de violencia arrasadora. Para entender esto, es necesario hablar de un fenómeno que ha estado creciendo en silencio detrás de una computadora.

El día 20 de abril de 2026, a las 11:20 a.m., un hombre mexicano de 27 años, Julio César Jasso Ramírez, abrió fuego contra turistas en la zona arqueológica de Teotihuacán. Dos personas fallecieron (incluido el perpetrador) y otras trece resultaron lesionadas. Muchos medios se han centrado en los comentarios xenófobos del atacante, pero se ha dejado de lado la razón real del ataque: una subcultura de internet que promueve la glorificación de asesinos en masa con ideologías extremistas.


Uno de los casos que más se ha mencionado como “inspiración” en distintos foros de internet es la masacre de la escuela secundaria Columbine, ocurrida el 20 de abril de 1999 en Colorado, Estados Unidos. Dos adolescentes cometieron un tiroteo que dejó 16 muertos (incluyendo a los atacantes) y 24 heridos. Distintas hipótesis han mencionado que la razón detrás de este acto es que los jóvenes, después de estar tantos sufriendo rechazo social, deseaban comportarse como “dioses”. Por esto mismo, dentro de internet y sitios de nicho, se les convirtió en mártires e ídolos; símbolos de una juventud ignorada y frustrada que busca venganza contra la sociedad. En este caso también se encontraron factores ideológicos tras el acto, como el nazismo, pero la raíz sigue siendo la misma: la necesidad de ser visto, de morir siendo alguien.


En México, no es la primera vez. Está el caso de Federico Guevara, de 16 años, en Monterrey, quien fue incitado por grupos de Facebook para abrir fuego contra sus compañeros, maestra y contra él mismo; y el de Lex Ashton, de 19 años, miembro de grupos incel (celibatos involuntarios) en Facebook, quien asesinó a un alumno e hirió a un administrativo del CCH Sur en la Ciudad de México, esto al sentirse frustrado por no poder entablar relaciones sexuales y afectivas con mujeres. Ambos casos intentaron replicar las masacres estadounidenses que se glorifican en redes sociales.

No se trata de satanizar el internet, solamente es recordar que no es posible que éste reemplace a los seres humanos. La auténtica prevención empieza en el hogar, donde se deben seguir promoviendo vínculos emocionales saludables y redes de apoyo sólidas. Los jóvenes actuales se han distanciado de las interacciones cara a cara y han hallado refugio en comunidades virtuales, donde no podemos saber si los individuos que están detrás de la pantalla son auténticos o si tienen buenas intenciones.

Es decir, el reto no es desconectarnos de la red, sino volver a conectarnos entre nosotros. Mientras tanto debemos preguntarnos ¿Qué estamos haciendo individualmente, desde nuestras propias pantallas, para detener este contagio de odio?





lunes, 13 de abril de 2026

Recuperando mi vida


Lo que no se habla mucho sobre la depresión es que lo episodios pueden dejarte paralizado: minutos, horas, semanas, meses, años. Momentos en los que tu única meta es seguir con vida, hasta que el vacío disminuye y te das cuenta de que has desperdiciado tanto tiempo; todos han avanzado sin ti, tú has vivido solo dentro de tu propia cabeza.

Esto muchas veces causa que vuelvas a caer en el mismo estado depresivo, por eso es tan difícil seguir adelante, es como si esta enfermedad se comiera a sí misma para seguir existiendo y expandiéndose, incluso desarrollándote otros padecimientos autofágicos como la ansiedad y la adicción. Es aterrador.

En mi caso, siento que he perdido gran parte de mi vida luchando por no suicidarme y por encontrarme a mí misma, con la esperanza de descubrir algo positivo dentro de mi defectuoso ser. Pero el día de hoy entendí que no hay nada más liberador que es hacer algo fuera de tu propia mente; no importa si me equivoco, si lo que hago no me representa en algunos años, debo aceptar el fracaso y el cambio, eso también implica aceptar que la depresión es un pequeño monstruo que siempre estará sobre mi hombro diciendo cosas terribles en mi oído. Aun así, no puedo dejar que detenga mi vida. Debo hacer algo.



domingo, 12 de abril de 2026

Socializar es agotador

La Fille de Christophe Blain

Siempre he tenido problemas con crear vínculos fuertes con los demás, y curiosamente, no es por mis gustos o mi personalidad. Soy una persona tranquila, además de que tiendo a priorizar las emociones de los demás. Tal vez ese es el problema...

Escribo esto porque últimamente siento una actitud extraña de una persona con la que creí llevarme bien, no sé en qué momento eso cambió, casi siempre es la misma historia: todo va bien hasta que ya no quieren pasar tanto tiempo conmigo, evitan saludarme o hacen caras obvias de desagrado cuando hago el mínimo error. Eso me trae recuerdos y traumas de la niñez y adolescencia; aunque ya tenga 24 años me sigue doliendo esos cambios de actitud, ese sentimiento de que soy una molestia, de que en algún momento todo va a explotar y esa persona va a decirme a la cara que me odia mientras mi mundo se cae a pedazos.

Tal vez las personas notan mi necesidad de aprobación; no en el sentido de forzar una buena actitud o pretender ser buena persona, me refiero a mi necesidad de complacer y ser un espacio seguro, quiero hacer feliz a mis amigos ¿eso será intenso o irritante? no tengo idea, quisiera verme con los ojos de los demás.

La buena noticia es que tengo una mejor amiga asombrosa, que por más que pasen los años seguimos disfrutando la compañía de la otra, es como si el tiempo no hubiera pasado con ella, es la única persona que no me daría una de esas miradas. Al contrario, ella siempre me ve con cariño y comprensión. Es asombrosa.

Además, tengo a mi prometido, que, a pesar de comérmelo a besos, también lo considero mi otro mejor amigo. No importa lo más insoportable que yo llegue a ser con mis ataques de ansiedad, él intenta comprenderme y apoyarme hasta que yo vuelvo a la normalidad. No puedo ni siquiera creer que ese ser humano con alma tan dulce quiera casarse conmigo. Pensarlo me hace sentir que la vida no es tan mala.

Escribir esto me hizo darme cuenta de que tal vez no necesito forzarme a crear nuevos vínculos, verdaderamente es agotador.

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Obsesiones de abril 2026

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